MARÍA INMACULADA

MARÍA INMACULADA

 El misterio de María, nuestra Madre. ¿Quién es ella? ¿qué misión le encomendó Dios?.

María tiene un papel único dentro de la Iglesia. Para ser la Madre del Salvador, María fue dotada por Dios con dones a la medida de una misión tan importante desde el instante mismo de su concepción. Algo inefable llevó a cabo Dios en Ella con su Concepción Inmaculada.

La convicción de que María fue preservada de toda mancha de pecado ya desde su concepción, hasta el punto de que ha sido llamada toda santa, se fue imponiendo progresivamente en la liturgia y en la teología. Ese desarrollo suscitó, al inicio del siglo XIX, un movimiento de peticiones en favor de una definición dogmática del privilegio de la Inmaculada Concepción.

El Papa Pío IX, hacia la mitad de ese siglo, con el deseo de acoger esa demanda, después de haber consultado a los teólogos, pidió a los Obispos su opinión acerca de la oportunidad y la posibilidad de esa definición, convocando casi un concilio por escrito.

El 8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX proclamaba con la bula Ineffabilis Deus el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

“…Declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser, por tanto, firme y constantemente creída por todos los fieles” (DS, 2.803).

Esta es la verdad extraordinaria: Cristo fue el Redentor de su Madre y ejerció en ella su acción redentora del modo más perfecto, ya desde el primer instante de su existencia.

El Papa Pío IX añade que, esta doctrina proclamada de modo solemne, debe ser “firme y constantemente creída por todos los fieles”. En consecuencia, quien no la hace suya, o conserva una opinión contraria a ella, “naufraga en la fe” y “se separa de la unidad católica”.

Con la definición de este dogma culminó un largo proceso de reflexión eclesial sobre la figura de la Virgen María, que permitió conocer, de modo más profundo, las inmensas riquezas con las que fue adornada para que pudiera ser digna Madre del Hijo eterno de Dios.

Tres aspectos de nuestra fe han sido subrayados de modo singular con la proclamación del dogma de la Inmaculada: la estrecha relación que existe entre la Virgen María y el misterio de Cristo y de la Iglesia, la plenitud de la obra redentora cumplida en María, y la absoluta enemistad entre María y el pecado.

 

 Cuatro años después de ser proclamado este dogma, en 1858 se presenta la Madre de Dios en un pueblo de los Pirineos franceses llamado Lourdes, a una joven de catorce años llamada Bernardette Soubirous, proclamada santa en el año 1933.

De este modo, Francia recibió en pocos años tres visitas de la Virgen María: La Medalla Milagrosa en París en 1830, La Salette en 1846 y Lourdes en 1858.

En Lourdes, la primera aparición se produce el 11 de febrero. La Virgen vestía un traje blanco y brillante, ajustado al talle con una cinta azul. Un largo velo blanco le caía hasta los pies envolviendo todo el cuerpo. Los pies, de una limpieza virginal y descalzos, parecían apoyarse en el rosal silvestre sobre el que flotaba la imagen, a la entrada de la gruta. Dos rosas brillantes de color de oro cubrían la parte superior de sus pies. Juntas sus manos ante el pecho, ofrecían una posición de oración fervorosa. Tenía entre sus dedos un largo Rosario blanco y dorado con una hermosa Cruz de oro.

A partir de este momento, las apariciones de nuestra Madre se sucedieron y llegando la fecha solemne del 25 de marzo, la Señora desveló quién era.  Este día se celebraba la Anunciación y durante la aparición Bernardette volvió a preguntarle: “¿Quiere tener la bondad de decirme cuál es su nombre?”. La visión resplandecía más que nunca. Entonces, la Señora apartó su vista de Bernardette, separó sus manos, hizo deslizar en su brazo el Rosario que tenía en sus dedos, levantó a un mismo tiempo sus manos y su cabeza radiante, después sus manos se juntaron delante del pecho, su cabeza se afirmó y, más resplandeciente que la luz del sol, dirigida la vista al cielo dijo:

“YO SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN”

Y así desapareció, dejando en Bernardita esta imagen y ese nombre. Después, Bernardette se dirigió a la casa del párroco para contarle todo, ya que éste le había dado el encargo de preguntar a la visión cómo se llamaba.

Durante el camino iba repitiendo, para no olvidarlas, las palabras que la Señora le había dicho:“Inmaculada Concepción”. Cuando el párroco oyó el relato de Bernardette, quedó asombrado. ¿Como podía una niña, sin ninguna instrucción religiosa, saber el dogma que solo unos años antes había promulgado la Iglesia?

Años más tarde las apariciones de la Virgen en Lourdes fueron aprobadas por la Iglesia.

¿Quieres conocer más a Nuestra Madre y entregarle tu corazón?

“Queridos hijos, mi llamada para que viváis los mensajes que os doy, es diaria, especialmente, hijos míos, porque quiero llevaros más cerca del Corazón de Jesús. Por tanto, hijos míos, os invito hoy a la oración de Consagración a Jesús, mi querido Hijo, para que cada uno de vuestros corazones puedan ser suyos. Por ello os invito a la Consagración a mi Inmaculado Corazón. Yo quiero que os consagréis como personas, familias, y parroquias para que todos pertenezcáis a Dios a través de mis manos. Por tanto, hijos míos, orad para que podáis comprender la grandeza de este mensaje que os doy. Yo no quiero nada para mí misma, sino todo para la salvación de vuestras almas. Satanás es fuerte y, por tanto, vosotros, hijos míos, mediante la oración constante, abrazaos estrechamente a mi Corazón maternal. Gracias por haber respondido a mi llamada.” (25 Octubre 1988)

 Te propongo un camino fascinante de 33 días para prepararte a ese gran momento. Previamente debes elegir una fecha en una fiesta Mariana que será el día en que te consagres. Es una consagración a Jesús por María.

 

Consagrarse a María significa ponernos en sus manos sin condiciones, sabiendo que Ella conoce mejor el camino y que podemos dormir tranquilos en sus brazos de Madre, significa vivir permanentemente en su Inmaculado Corazón, en el interior del Divino Corazón de Cristo. Ella es el Sagrario perfecto donde reside el Señor. Consagrarse a María es, en definitiva, obrar siempre por María, con María, en María y para María. Es ser su esclavo y soldado, y así gozar de su protección en estos tiempos en los que el diablo anda como león rugiente buscando a quien devorar.

Para este camino de oración personal utilizarás el método de San Luis María Grignion de Montfort.

Este santo, nacido en el siglo XVII, escribió el libro llamado el Tratado de la Verdadera Devoción que te servirá para tu preparación.

Esta es la fórmula que San Juan Pablo II utilizó para entregarse a la Virgen.

Te dejo el enlace de una web para que puedas encontrar toda la información y el material. https://www.matercoeli.com/

También te dejo una imagen del libro por si quieres adquirirlo.

                                                  

EL SEÑOR JESÚS Y SU MADRE SANTÍSIMA OS BENDIGAN

 

 

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