SED DE DIOS

SED DE DIOS

«Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: “Dame de beber”. (…). La samaritana le dice: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” (porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le contestó: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva”» (Juan 4, 7-10)

En la ciudad de Sicar, junto al pozo de Jacob, se encontraron dos sedientos…sedientos de Amor. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él.

Esta sed de nuestra alma se sacia en la oración. La oración es un encuentro, y en ese encuentro dialogamos de corazón a corazón con nuestro Dios. Esta oración nos permite conocer a nuestro Padre porque no podemos amar lo que no conocemos. ¿Quiero yo amar a Dios?

La oración debe ser hecha con el corazón.

¿Qué significa esto?, orar con amor. Es don de Dios que debemos pedir y dirigir nuestra voluntad en esa dirección.

La conversión diaria es necesaria para esta oración profunda del corazón. Si en nuestra vida el centro, lo primero, es Dios, si en nuestros pensamientos está siempre Dios, si en cada circunstancia de nuestra vida vemos la Mano providente de Dios, estaremos orando de corazón. Decidirnos cada día por el bien, lo verdadero, lo justo, lo bello y luchar contra nuestra tendencia al pecado.

Ponerme en la presencia de Dios mostrándole mi corazón desnudo sin miedo a que Él pueda ver algo que a nosotros no nos gustaría que viera. Él lo ve todo y nos ama profundamente. Ama nuestra miseria y viene a darnos Su Gracia para liberarnos de nuestra esclavitud y vivir en la libertad de los hijos de Dios, vivir en santidad.

Tenemos esta vida para conocer a Jesús, que es el AMOR mismo. Él nos mostró con Su vida lo que significa Amar. Si nosotros meditamos los evangelios conoceremos cómo es el Corazón de Cristo, cómo siente Cristo, cómo piensa Cristo, cómo ama Cristo….«…porque habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo» (cf Jn13,1).

La oración puede ser: según la hagamos, solos con Dios (oración individual), también conocida como oración personal, o con más gente (oración comunitaria), y en este tipo es especialmente importante la oración en familia. Es el Espíritu Santo quien nos capacita para orar y en esta podemos alabar a Dios, darle gracias, pedirle perdón, pedirle dones, interceder por los demás, etc…

Nuestra Madre en Medjugorje nos invita de manera dulce, paciente y constante a orar. En uno de sus mensajes nos dice:

“Queridos hijos, hoy os invito a abriros a la oración. Que la oración se vuelva alegría para vosotros. Renovad la oración en vuestras familias y formad grupos de oración, así experimentaréis alegría en la oración y comunión. Todos los que oráis y sois miembros de grupos de oración, estáis abiertos a la voluntad de Dios en vuestros corazones y con alegría dais testimonio del amor de Dios. Estoy con vosotros, os llevo a todos en mi corazón y os bendigo con mi bendición maternal. Gracias por haber respondido a mi llamada.” (25/09/2000)

Nuestra Madre quiere que formemos grupos de oración, para ella el primer grupo de oración es la propia familia. La familia es Iglesia doméstica, los padres son los primeros anunciadores de la fe con su palabra y ejemplo y deben enseñar a sus hijos a orar orando con ellos. Ella nos pide rezar el Santo Rosario cada día en familia. En alguno de sus mensajes nos dice:

“Deseo que cada familia, cada día, se consagre al Sagrado Corazón de Jesús y a mi Inmaculado Corazón. Estaría muy feliz si cada familia se reuniera para rezar unida media hora por la mañana y media hora por la noche.” (19/10/1983)

En el hogar debe existir un lugar destinado a la oración, un pequeño altar donde la familia se reúna cada día o donde yo pueda acudir para encontrarme con el Señor. El altar familiar debe incluir un crucifijo, una imagen de Nuestra Madre y la Santa Biblia. Podemos incluir imágenes de los santos a los que tengamos especial devoción, velas y flores.

Para profundizar en este encuentro gozoso con Nuestro Señor debemos ser perseverantes hasta que la oración se vuelva alegría para nosotros.

Por otra parte, conocemos que el lenguaje de Dios es el silencio, Él habla en el silencio de nuestro corazón. El cardenal Sarah dice: “El silencio no es un concepto sino el camino que permite a los hombres ir a Dios. La conquista del silencio supone un combate, se necesita coraje para liberarse de todo lo que hace pesante nuestra vida.” (Conferencia de la presentación de su libro “La fuerza del silencio”)

Por ello, para tener este encuentro con Dios es necesario el silencio interior y exterior.

El silencio interior es no estar preocupados e inquietos por los problemas y dificultades que encontramos en nuestro camino, es dirigir nuestro corazón y pensamientos solo a Dios y descansar en Él. Toda agitación viene de Satanás. Somos hijos de Dios y debemos mantenernos en la certeza de que todo lo guía Él. El silencio exterior se consigue evitando todo lo que nos distraiga, como la televisión o el celular.

Recordar que el enemigo siempre nos pondrá muchos impedimentos para que no oremos. Tentaciones de pereza, que estamos perdiendo el tiempo, que estamos siendo un poco exagerados, que esto es demasiado para nosotros, etc…

Es buena señal que el enemigo nos tiente porque eso significa que vamos en la dirección correcta. Mantente firme en la lucha y nunca olvides que SOLO DIOS PUEDE COLMAR EL CORAZÓN DEL HOMBRE.

 

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