MARÍA SIEMPRE VIRGEN

MARÍA SIEMPRE VIRGEN

MARÍA SIEMPRE VIRGEN

“Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está en cinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel” (Isaías 6,14)

La Iglesia siempre ha creído en la virginidad de María y la ha llamado “la siempre Virgen” (Lumen Gentium 52). La Tradición la presenta como “virgen antes del parto, durante el parto y después del parto”.

Pero esta virginidad tiene su origen en la virginidad del Corazón, es decir, es un Corazón puro, sin mancha, con una fe sin sombra de duda, entregado totalmente a la Voluntad de Dios. Se dice que por esa fe María concibe a Cristo antes en su mente que en su vientre, y es más bienaventurada al recibir a Cristo por la fe que al concebir en su seno la carne de Cristo. (San Agustín).

Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos del Corazón de la Virgen María?.

El corazón no es solo el órgano físico que bombea la sangre en nuestro cuerpo, sino que se refiere a lo más íntimo de la persona. Este Corazón de María se refiere a su ser más profundo, que se nos revela por Amor. Yo puedo decir que conozco a alguien cuando conozco su corazón, cuando la otra persona me muestra su interior y participo de sus penas y alegrías.

Esto es lo que han hecho Jesús y María, mostrarnos Sus Corazones, mostrarnos cuánto nos Aman y cuánto desean que nos consagremos a Ellos, a Sus Corazones.

¡Cuánto desean ser correspondidos y amados por aquellos que no los aman!

La fiesta Litúrgica del Inmaculado Corazón de María es el día siguiente a la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, en la semana siguiente al domingo del Corpus Christi.

La devoción del Inmaculado Corazón de María se inicia en el siglo XVII por San Juan Eudes, pero es en las apariciones de Nuestra Señora en Fátima, Portugal, donde Ella nos muestra su Corazón Inmaculado bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario.

Se apareció a tres niños que eran pastorcitos, llamados: Jacinta, Francisco y Lucía, de los cuales Jacinta y Francisco fueron canonizados en el año 2017.

En estas apariciones la Virgen nos mostró su Corazón y nos dijo que Dios quería establecer la devoción a Su Inmaculado Corazón como remedio para la salvación de los pecadores y la Paz en el mundo.

En el año 1916 se les apareció el ángel de Portugal, en 3 ocasiones, preparándolos para las apariciones de Nuestra Madre, que se desarrollarían durante el año 1917.

En la primera aparición les dijo:

«¡No temáis! Soy el ángel de la Paz. Orad conmigo, y arrodillándose se postró tocando con la frente el suelo. Llevados por un movimiento sobrenatural, lo imitamos y repetimos las palabras que le oíamos pronunciar: – Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo, y pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman. Después de repetir esto tres veces, se levanta y dice: – Orad así. Los corazones de Jesús y María están atentos a la voz de vuestras súplicas»

Durante la segunda aparición el ángel les invita:

«¡Orad! ¡Orad mucho! Los corazones de Jesús y María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios.

– ¿Cómo nos tenemos que sacrificar? – pregunté.

– De todo lo que puedas, ofrece un sacrificio en acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores. Atrae, así, la paz sobre tu Patria. Yo soy el Ángel de su guarda, el Ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad con sumisión el sufrimiento que el Señor os envía».

En la tercera aparición ocurrió:

«[…] trayendo en la mano un Cáliz y sobre él una Hostia, de la cual cayeron, dentro del Cáliz, algunas gotas de sangre. Dejando el Cáliz y la Hostia suspendidos en el aire, se postró por tierra y repitió tres veces la oración:

– Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo,

Os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los que Él mismo es ofendido, y por los méritos infinitos del Sacratísimo Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores.

Después, levantándose, tomó de nuevo el Cáliz y la Hostia y me dio la Hostia a mí y lo que contenía el cáliz se lo dio a beber a Jacinta y a Francisco, diciendo al mismo tiempo:

– Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios. De nuevo se postró por tierra y repitió con nosotros tres veces más la misma oración:

– Santísima Trinidad… etc.

Nosotros podemos hacer estas oraciones, que el ángel enseñó a los niños, después del rezo del Santo Rosario.

El 13 de mayo de 1917 se aparece la Virgen por primera vez.

– ¡No tengáis miedo! ¡Yo no os voy a hacer daño!
– ¿De dónde es usted? – le pregunté.
– Soy del Cielo.
– ¿Y qué es lo que usted me quiere?
– Vine a pediros que vengáis aquí, seis meses seguidos, el día 13 a esta misma hora. Después diré quién soy y lo que quiero. Después volveré aquí una séptima vez.
– ¿Usted me sabe decir si la guerra aún durará mucho tiempo o se acabará en breve?
– No te lo puedo decir aún, mientras no te diga también lo que quiero.
– ¿Y yo también voy a ir al Cielo?
– Sí, irás.
– ¿Y Jacinta?
– También.
– ¿Y Francisco?
– También, pero tiene que rezar muchos rosarios.
– ¿Y María das Neves ya está en el Cielo?
– Sí, está.
– ¿Y Amelia?
– Estará en el purgatorio hasta el fin del mundo.
[…]
– ¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él os quiera enviar, en acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?
– ¡Sí, queremos!

– Vais, pues, a tener que sufrir mucho, pero la gracia de Dios será vuestro consuelo.
Fue al pronunciar estas últimas palabras (la gracia de Dios) cuando abrió por primera vez las manos, comunicándonos una luz tan intensa, que expedía de ellas como un gran reflejo, que penetrándonos en el pecho y en lo más íntimo del alma, nos hacía ver a nosotros mismos en Dios, que era esa luz, más claramente de lo que nos vemos en el mejor de los espejos. Entonces por un impulso íntimo también comunicado, caímos de rodillas y repetíamos íntimamente:

– ¡Oh Santísima Trinidad, yo Te adoro!

Pasados los primeros momentos, Nuestra Señora agregó:

– Recen el Rosario todos los días, para alcanzar la paz para el mundo y el fin de la guerra.

En la tercera aparición la Virgen habló lo siguiente:

«Sacrificaos por los pecadores y decid muchas veces y en especial cuando hagáis algún sacrificio: “Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María”.

[…] vimos como un gran mar de fuego. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras, con forma humana, que fluctuaban en el incendio, llevadas por las llamas que de ellas mismas salían junto con nubes de humo, cayendo por todos los lados, semejante al caer de las chispas en los grandes incendios, entre giros y gemidos de dolor y desesperanza que horrorizaba y hacía estremecer de pavor. Los demonios se distinguían por formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como carbones negros en la brasa. Asustados, levantamos la vista hacia Nuestra Señora, que nos dijo con bondad y tristeza:

– Visteis el infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hacen lo que yo os diga, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a acabar. Pero, si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor.

Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo de sus crímenes, por medio de la guerra, el hambre y las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre.

Para impedirla vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora en los primeros sábados. Si atienden mis peticiones, Rusia se convertirá y tendrán paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas. Por fin Mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz.»

En la cuarta aparición Nuestra Señora dijo:

– Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores, que van muchas almas al infierno por no haber quién se sacrifique y pida por ellas.»

A estas siguieron otras 2 apariciones más en ese año. Mas adelante, en el año 1925, nuestra Señora se vuelve a aparecer a Lucía y le revela Su Corazón haciéndole una promesa que será para todos.

«Se le apareció la Santísima Virgen y, a su lado, suspenso en una nube, un Niño. La Santísima Virgen, poniéndole en el hombro la mano y mostrando, al mismo tiempo, un corazón que tenía en la otra mano, rodeado de espinas.

Al mismo tiempo, dijo el Niño:

– Ten pena del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas, que los hombres ingratos en todos los momentos le clavan sin que nadie haga un acto de reparación para eliminarlos.
En seguida dijo la Santísima Virgen:

– Mira, hija mía, Mi Corazón rodeado de espinas, que los hombres ingratos a todos momentos me clavan, con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, me vienes a consolar y di que todos aquellos que durante los cinco primeros sábados de cada mes se confiesen, reciban la sagrada Comunión, recen el Rosario meditando sus misterios y me hagan 15 minutos de compañía, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles, en la hora de la muerte, con todas las gracias necesarias para la salvación de esas almas.»

Por tanto, en esta devoción de los cinco primeros sábados de mes tiene que cumplirse lo siguiente:

  • Deben ser seguidos.
  • Confesarse (se puede hacer unos días antes o después)
  • Recibir la Santa Comunión en Gracia de Dios
  • Rezo del Santo Rosario
  • Meditación durante 15 minutos de los misterios del Santo Rosario (uno o más)

Cuando Sor Lucía refería a su confesor la petición de la Virgen, éste le dijo: ¿Por qué 5 y no 9 como los primeros viernes, o 7 como los dolores de la Virgen?

Cuenta Lucía que estando en la Iglesia con el Señor le fue revelado lo siguiente:

“Hija mía, el motivo es el siguiente: son cinco las principales clases de blasfemias cometidas contra el Inmaculado Corazón de María:

  1. Las blasfemias contra la Inmaculada Concepción.
  2. Las blasfemias contra su
  3. Las blasfemias contra su Maternidad Divina, negándose al mismo tiempo reconocerla como Madre de los hombres.
  4. Las blasfemias de aquellos que públicamente tratan de infundir en los corazones de los niños la indiferencia, el desprecio y hasta el odio hacia esta Madre Inmaculada.
  5. Las ofensas de aquellos que la ultrajan directamente en sus sagradas imágenes.

En la última aparición a Lucía (13 de junio de 1929) describe:

«La única luz era la de la lámpara. De repente, se iluminó toda la capilla con una luz sobrenatural y sobre el altar apareció una Cruz de luz que llegaba hasta el techo.

Con una luz más clara se veía, en la parte
superior de la Cruz, una cara de hombre con el
cuerpo hasta la cintura, sobre el pecho una
paloma también de luz, y pegado a la Cruz, el
cuerpo de otro hombre. Un poco más abajo de la
cintura, suspendido en el aire, se veía un cáliz y
una Hostia grande, sobre la cual caían algunas
gotas de sangre que corrían por el rostro del
Crucificado y de una herida en el pecho.
Deslizándose por la Hostia, esas gotas caían
dentro del Cáliz. Bajo el brazo derecho de la
Cruz estaba Nuestra Señora, se trataba de
Nuestra Señora de Fátima con su Inmaculado
Corazón en la mano izquierda, sin espada ni
rosas, pero con una corona de espinas y llamas».
Bajo el brazo izquierdo, unas letras grandes,
como si fuesen de agua cristalina que corriesen
hacia lo alto del altar, formaban estas palabras:
“Gracia y Misericordia”.

Comprendí que se me estaba mostrando el misterio de la Santísima Trinidad, y recibí luces sobre este misterio que no me es permitido revelar. Después Nuestra Señora me dijo:

– Llegó el momento en el que Dios pide al Santo Padre hacer, en unión con todos los Obispos del mundo, la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón, prometiendo salvarla por este medio. Son tantas las almas que la Justicia de Dios condena por pecados contra Mí cometidos, que vengo a pedir reparación: sacrifícate por esta intención y ora.

Di cuenta de esto a mi confesor, que me mandó escribir lo que Nuestro Señor quería que hiciese. Más tarde, por medio de una comunicación íntima, Nuestro Señor me dijo, quejándose:

– «¡No quisieron atender mi petición!, como el rey de Francia, se arrepentirán y lo harán, pero será tarde. Rusia tendrá ya propagados sus errores por el Mundo, provocando guerras, persecuciones a la Iglesia, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir.»

Os dejo una oración que podéis hacer para consolar a Nuestra Madre en desagravio de las blasfemias.

ROSARIO DE ALABANZAS

Ofrecimiento:

¡Oh María, Madre mía Inmaculada! Deseando desagraviarte de las ofensas que recibe tu purísimo Corazón, especialmente de las blasfemias que se dirigen contra Ti, te ofrezco estas alabanzas con el fin de consolarte por tantos hijos ingratos que no te aman, y consolar el Corazón de tu Divino Hijo a quien tanto ofenden las injurias dirigidas contra Ti.

Dígnate, dulcísima Madre mía, recibir éste mi pobre obsequio; haz que te ame cada vez más, y mira con ojos de misericordia a esos desgraciados para que no tarden en arrojarse es tus maternales brazos.

¡Amén!

Dígnate que te alabe, Virgen Sagrada.

Dame virtud contra tus enemigos.

Utilizando un rosario normal, en cada cuenta pequeña de cada decena repetimos una jaculatoria. Se repite igual en las cinco decenas.

1ª Cuenta pequeña: Bendita sea la Excelsa Madre de Dios, María Santísima

Cuenta pequeña: Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción

3ª Cuenta pequeña: Bendita sea su Gloriosa Asunción a los Cielos

Cuenta pequeña: Bendito sea el Nombre de María Virgen y Madre

Cuenta pequeña: Bendito sea su Corazón Inmaculado

Cuenta pequeña: Bendita sea su Pureza Virginal

Cuenta pequeña: Bendita sea su Divina Maternidad

Cuenta pequeña: Bendita sea su Mediación Universal

Cuenta pequeña: Benditos sean sus Dolores y Lágrimas

10ª Cuenta pequeña: Benditas sean las gracias con que el Señor la coronó como Reina de Cielos y Tierra

Cuenta grande: Gloria a María Hija del Padre, Gloria a María Madre del Hijo, Gloria a María Esposa del Espíritu Santo.

Al final se añade:

Madre mía, te amo por los que no te aman, te alabo por los que te blasfeman, me entrego a Ti por los que no quieren reconocerte por Madre.

REPAREMOS LOS CORAZONES DE JESÚS Y MARIA

 

 

 

 

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